El grupo céltico de lenguas ocupa una posición intermedia, cronológicamente hablando, dentro de la familia indoeuropea. En efecto, hace su aparición después del hitita (2.000 a. C.), griego (1.400 a. C.), sánscrito (1.000 a. C.), iranio (700 a. C.) y latín (600 a. C.), pero antes del germánico (siglo I d. C.), armenio (siglo V d. C.), tocario (siglo VII d. C.), eslavo (IV d. C.), báltico (XV d. C.) y albanés (siglo XVI d. C.).En cuanto al orden de aparición de las lenguas célticas hay dos teorías contradictorias entre sí: la primera afirma que las lenguas célticas insulares constituyen una unidad frente a las célticas continentales, mientras que la segunda teoría postula que existe una unidad galo-brytónica, más arcaica, frente al goidélico, celtibérico y lepóntico. El grupo céltico de lenguas se divide actualmente en el céltico insular y el céltico continental, términos que reflejan la distribución geográfica de estas lenguas en Europa y Asia Menor. El céltico insular se subdivide en dos ramas : el goidélico, cuyos modernos descendientes son el irlandés, el gaélico-escocés y el manés, y el brytónico, que comprende el galés, cornuallés y bretón. Aunque este último se sitúa en el continente, se le incluye entre las lenguas célticas insulares porque deriva del brytónico en el siglo V d. C. El céltico continental incluye el galo, lepóntico, hispano-céltico (celtíbero) y gálata; todas estas lenguas se extinguieron alrededor del siglo VII d. C.

El nombre celta procede del griego keltoi, usado por los geógrafos griegos para designar a los pueblos que habitaban Europa central en la primera mitad del primer milenio a. C. La primera referencia a este pueblo la hallamos en la Ora Marítima de Avieno, procónsul en África en el 336 d. C., basándose en un original griego del siglo VI a. C., aunque se encuentran esparcidas diversas alusiones a los celtas en Hecateo de Mileto (450 a. C.), Herodoto (450 a. C.) y Aristóteles (330 a. C.).
A estas alturas los celtas van a aparecer en los registros romanos como los galli, siendo reconocidos como adversarios temibles que se asientan en masa en el Valle de la Lombardía y hacen tambalear al Estado etrusco, saqueando Roma en el 390 a. C. Durante los siglos IV y III a. C. los celtas se establecerán en las Islas Británicas y en Asia Menor.
Por lo tanto los keltoi de los griegos son los galli de los romanos, aunque en la antigüedad esa identidad no siempre fue entendida. Por ejemplo, César se refiere a las tribus por sus nombres individuales: aedui, belgae, helvetti, boii, etc, aunque reconoce que comparten ciertas características culturales (por ejemplo instituciones religiosas y una aristocracia guerrera). Su unidad lingüística se pone de manifiesto por Tácito al notar la similitud entre las lenguas brytónicas y las galas y Jerónimo indica que los gálatas le recordaban el dialecto galo de Tréveris.
Al mismo tiempo que se produce la difusión de la lengua y la cultura celtas por Europa, y también se produce su declive. Las comunidades de habla céltica viviendo en la Península Ibérica, Galia e Italia septentrional, van a ser absorbidas por Roma asimilando el latín, aunque sobreviviendo algunas bolsas durante bastante tiempo.
El extremo geográfico donde las lenguas célticas se mantuvieron dentro de la Romanitas eran las islas británicas; allí las lenguas nativas sobrevivieron lo suficiente para volver a expandirse por el continente y desarrollar lenguas de dominio en varios estados medievales, antes de caer en un continuo declive iniciado con la pérdida de independencia política y aislamiento económico en el siglo XVI. Tanto si fueron lenguas que estuvieron más allá del control romano como aquellas que estuvieron bajo su dominio, el destino final de todas ellas fue el mismo; incluso el irlandés, manés y gaélico escocés que habían permanecido como lenguas vivas y viables un milenio después de la caída de Roma, comenzaron un declive con el advenimiento del estado centralizado y del capitalismo.
Sindicación
07/05/2008 @ 15:39:41
por Blasco